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Timonel (18-09-2016)

Les saludo a todos con mucho cariño: “La gracia y la paz de parte de Dios nuestro Padre y de Jesucristo el Señor, esté con todos ustedes”. Hoy celebramos el 25° Domingo del Tiempo Ordinario, en el que Jesús deja muy en claro que la fidelidad en lo grande se prueba en la fidelidad en lo pequeño. Invito a todos a que seamos fieles en las cosas pequeñas y a que administremos los bienes temporales que Dios nos ha concedido en favor de los necesitados.

La transformación de conflictos y la construcción de la paz

Con el anhelo de compartir el análisis de las múltiples violencias, y lo que tienen en común en nuestros países; así como las acciones pastorales de diversas Diócesis, Provincias Eclesiásticas, Conferencias Episcopales, Órdenes Religiosas (como la Compañía de Jesús) y Comunidades (como Sant’Egidio), del 09 al 13 de septiembre participamos en el Encuentro-Taller: “La Iglesia y el Obispo en la transformación de conflictos y la construcción de la paz” en la ciudad de Monterrey, 19 Obispos de diversas partes de Latinoamérica nos dimos cita, con la finalidad de orar, reflexionar, dialogar y compartir sobre nuestras violencias para encontrar caminos que nos ayuden a construir la paz y a transformar los conflictos existentes.

Uno de los principales frutos de este Encuentro-Taller fue la creación de una red de colaboración y corresponsabilidad en la Conferencia del Episcopado Mexicano, con el CELAM y presencia de México-Centroamérica y Colombia, para responder a las necesidades de paz y justicia de nuestros pueblos, involucrando a obispos del norte, centro y sur de México, conjuntamente con obispos, sacerdotes y laicos, de Guatemala, El Salvador, Colombia, Ecuador, Italia y México.

La realidad de muerte y violencia que aqueja a nuestros pueblos, es un grito que llega hasta el cielo clamando justicia y exigiendo la paz. El dolor que sentimos por todas las víctimas de las violencias se extiende al dolor por la tierra y al dolor por los pobres. Son impresionantes los niveles de pobreza y sufrimiento de nuestros connacionales en cada una de nuestras diócesis. Este sufrimiento se extiende por todo el país, no hay una sola diócesis que no tenga el dolor de una pobreza muy extendida.

Como Obispos, esperamos construir juntos respuestas al clamor de nuestro pueblo, sin olvidar que “la gran mayoría de hombres y mujeres que han utilizado armas, ya sea dentro o fuera de la ley, afirman ser de infancia católica”. Sin embargo, nuestra Iglesia Católica tiene una gran posibilidad de construir la paz, ya que está en todas partes de la sociedad mexicana: en el interior de la casa más pobre y de la más rica, en la plática entre esposos, en la jaculatoria del joven sea estudiante o sea sicario, en quien consuela a la víctima y entierra al muerto, y quien visita al asesino-víctima en la cárcel, en la plática con el político y con el empresario.

Invito a todos para que seamos corresponsables en la Construcción de la Paz y la Transformación de los Conflictos, aprovechando cada plática, cada encuentro con los hermanos, cada homilía, cada reunión, y pongamos las bases para una sociedad más justa, pacífica y generosa.

 

Fiestas Patrias: por un México en Paz

En los últimos días, al dar el tradicional grito de independencia y vivir el fervor patrio, recordando a los héroes que nos dieron libertad y soberanía, hemos renovado en nuestros corazones el deseo de seguir construyendo nuestra Patria en los principios de justicia y libertad.

Como Iglesia nos unimos en oración para mantener vivo el espíritu de cada mexicano y pedir por las necesidades de nuestro país, especialmente para que vivamos en paz, en justicia y en caridad. Festejemos este mes Patrio con la conciencia de continuar la labor de los héroes que dieron su vida por nosotros y por nuestros derechos.

Que como ciudadanos mexicanos seamos fieles a los principios en los que se ha forjado esta gran nación y seamos también, promotores de justicia y de paz en medio de una sociedad dañada por la violencia y dispersa por el miedo y la inseguridad.

Como católicos, oremos a Dios por nuestros gobernantes y por quienes ejercen alguna autoridad en México, para que lejos de buscar sus propios intereses, busquen siempre el bien común de la sociedad a la que sirven, y que cada acción emprendida se vea reflejada en beneficio de los más necesitados.

Invito a todos para que durante el mes de septiembre y cada día del año, seamos constructores de una sociedad más justa que supere todo tipo de pobreza y sirvamos a nuestros hermanos más desfavorecidos.

 Con mi oración, cariño y bendición
En Cristo, nuestra Paz
 + Carlos Garfias Merlos
Arzobispo de Acapulco

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