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TEMA 2: EL OBISPO: APÓSTOL PREDICADOR

CATEQUESIS PARA PREPARARNOS A LA LLEGADA DEL NUEVO PASTOR

POR: VICARÍA DE PASTORAL

 

OBJETIVO: Profundizar en el conocimiento del ministerio episcopal para valorar y comprender la importancia de su presencia en nuestra arquidiócesis.

ORACIÓN INICIAL: INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

 

Ven, Espíritu Santo, Espíritu Santo Consolador, ven con tu fuerza y con tu poder, que sin herir ni violentar, ofreces en la conciencia el susurro de lo que es bueno y mejor, para bien de cada persona y de la comunidad cristiana.  Ven, Espíritu Santo, Consolador, hazte luz para quienes todo lo ven oscuro; amor, para quienes están solos; fuerza, para quienes perciben la debilidad física y también en su espíritu. Tú eres el mejor Abogado, defiéndenos siempre. Amén

DESARROLLO DEL TEMA

Partimos de tres preguntas:

¿Qué es y qué hace un Obispo?

¿Por qué es importante su presencia en nuestra Arquidiócesis?

¿Cómo podemos apoyar nosotros al ministerio episcopal?

  • SUCESOR DE LOS APÓSTOLES

El Obispo es, ante todo, sucesor de los Apóstoles en la Iglesia, participante en la misión y en la unción del Espíritu Santo que asistió a los Apóstoles para hacerlos predicadores incansables del Evangelio por todo el mundo (Mt 28,18-20), con el mandato de evangelizar, de bautizar y hacer discípulos a todas las Naciones.  Los Apóstoles hicieron partícipes a los Obispos, sus sucesores, de este Espíritu y de esta misión mediante la “imposición de las manos”, gesto litúrgico propio de la ordenación sagrada desde los tiempos de la primitiva Iglesia (2Tim 1,6).  En su ordenación, el Obispo ha recibido la plenitud del sacramento del Orden y constituido Sumo Sacerdote de su Iglesia.  Así, el Obispo está llamado – se trata de una auténtica vocación: llamada particular a la santidad – a ejercer una paternidad espiritual en su diócesis que brota de su configuración sacramental con el Padre: ya San Ignacio de Antioquía (+ 107) definía hermosamente al Obispo como la “imagen del Padre” (Cfr. LH IV Martes XXVII: Tralianos 1,1-3,2; 4,1-2; 6,1; 7,1-8; CEC 1549).  Y si del Obispo se dice que es la “imagen del Padre”, debe entenderse en relación a la imagen más perfecta del Padre que es Cristo: “Cristo es el icono original del Padre y la manifestación de su presencia misericordiosa entre los hombres.

El Obispo, actuando en persona y en nombre de Cristo mismo, se convierte, para la Iglesia, en signo vivo del Señor Jesús, Pastor y Esposo, Maestro y Pontífice de la Iglesia” (Pastores Gregis 7).  Esta particular configuración con el Padre y con Cristo, propia del Obispo, es obra del Espíritu Santo, que vivifica a la Iglesia, infundiendo en ella los carismas y suscitando las vocaciones y los ministerios que le son indispensables para su existencia y misión, particularmente por lo que se refiere a los ministros ordenados, porque, como ya lo afirmaba también San Ignacio, “sin ellos no existe la Iglesia”.

Esta consagración sacramental por la que el Obispo participa del Espíritu y de la misión de los Apóstoles tiene su base en el carácter indeleble que el sacramento del Orden imprime en el elegido (Cfr. CEC 1581-1582).

Así como Cristo es Cabeza de la Iglesia, que la mantiene unida y viva en su dinamismo evangelizar,“el mismo Obispo que es principio visible y fundamento de la unidad en la propia Iglesia particular, es también el vínculo visible de la comunión eclesial entre su Iglesia particular y la Iglesia universal”, ejerciendo en su diócesis la autoridad de Cristo que es servicio de amor también a la Iglesia universal.  Para ello recibe en su ordenación la gracia del Espíritu Santo, que en él se hace “espíritu de gobierno” para apacentar la grey: “Infunde ahora sobre este tu elegido la fuerza que de ti procede: el Espíritu de gobierno que diste a tu amado Hijo Jesucristo, y Él, a su vez, comunicó a los santos Apóstoles, quienes establecieron la Iglesia como santuario tuyo en cada lugar, para gloria y alabanza incesante de tu nombre” (Plegaria de Ordenación del Obispo).  El Obispo es miembro del Colegio Episcopal en virtud de la ordenación sacramental y la comunión con la cabeza del Colegio, que es el sucesor de Pedro, y con los demás miembros del Colegio, sus hermanos, los demás Obispos (Cfr. LG 22-23; Pastores Gregis 8).  Esta fraternidad solidaria se expresa, a un nivel diferente, en la relación que el Obispo, cabeza de su propio Presbiterio, tiene en su diócesis con sus hermanos sacerdotes, que “están unidos a él en el honor del sacerdocio”, que son para él “colaboradores diligentes… ayuda e instrumento suyos, llamados a estar al servicio del Pueblo de Dios, formando con su obispo un único presbiterio” (LG 28).

  • CONSTITUIDO PARA ANUNCIAR EL EVANGELIO

“En el ejercicio de su función de enseñar, que sobresale entre las principales funciones del obispo, han de anunciar el Evangelio de Cristo a los hombres, invitándoles a creer por la fuerza del Espíritu o confirmándolos en la fe viva.  Deben proponerles el misterio de Cristo en su integridad, es decir, aquellas verdades cuya ignorancia supone no conocer a Cristo y también el camino revelado por Dios para gloria suya y, por lo mismo, para conseguir la felicidad eterna.” (CD 12)

En el rito de la ordenación episcopal se coloca el Evangeliario abierto sobre la cabeza del Obispo ordenando (Cer. Episc. 583), y luego de la imposición de manos y la Plegaria de Ordenación se le entrega el Evangeliario al momento que se le hace la siguiente admonición: “Recibe el Evangelio y anuncia la palabra de Dios con sabiduría y perseverancia” (Cfr. 2Tim 4,2; Cfr. Pastores Gregis 28).  Esto significa que sobre los hombros del Obispo se coloca el “yugo suave de Cristo y la carga ligera” (Cfr. Mt 11,29-30) del Evangelio como tarea y misión.  La gracia del Espíritu Santo lo constituye en maestro de la fe y heraldo de la Palabra.  “Aunque el deber de anunciar el Evangelio es propio de toda la Iglesia y de cada uno de sus hijos, lo es por un título especial de los Obispos que, en el día de la sagrada Ordenación, la cual los introduce en la sucesión apostólica, asumen como compromiso principal predicar el Evangelio a los hombres y hacerlo «invitándoles a creer por la fuerza del Espíritu o confirmándolos en la fe viva».” (Pastores Gregis 26).

“Los fieles necesitan la palabra de su Obispo; necesitan confirmar y purificar su fe… el primer anuncio o kerygma, siempre necesario para suscitar la obediencia de la fe, pero que es más urgente aún en la situación actual, caracterizada por la indiferencia y la ignorancia religiosa de muchos cristianos.  También es evidente que, en el ámbito de la catequesis, el Obispo es el catequista por excelencia.” (Pastores Gregis29)

Así es como la voz de Cristo, el Buen Pastor, sigue conduciendo a las ovejas del redil, moviéndolas por el amor y atrayéndolas a sí mediante la enseñanza autorizada del Obispo.

ORACIÓN FINAL

ORACIÓN PARA PEDIR OBISPO

Señor, Tú que elegiste a tus Apóstoles como continuadores de tu obra de salvación, y dispensadores de tus misterios, te pedimos que envíes a nuestra Iglesia Diocesana un Buen Pastor, que anuncie con alegría el Evangelio, que sea Padre y que vaya en busca de la oveja perdida y cure la herida.

Danos un Pastor sensible a la realidad de nuestro pueblo que sufre por la inseguridad y la violencia; concédele sabiduría para que consuele, acompañe a las víctimas y promueva el trabajo por la paz.

Que sepa guiar con amor y paciencia el rebaño a él confiado en tu nombre; que sea ejemplo para sus hermanos en el ministerio sacerdotal, un verdadero Maestro y Guía de tu pueblo Santo.

Amén

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