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Renuevan presbíteros promesa sacerdotal y se bendicen Santos Óleos en Misa Crismal

La comunidad parroquial de San Cristóbal, en la Col. Progreso, se vistió de manteles largos, ya que el martes 11 de abril, tuvo lugar la Misa Crismal, que tradicionalmente se realiza en la Nueva Catedral de Cristo Rey, pero que por encontrarse en trabajos de remodelación, se optó por este amplio y hermoso templo parroquial.

Dándose cita los casi 120 sacerdotes de la Arquidiócesis de Acapulco, pertenecientes a las tres regiones: Costa Chica, Costa Grande y Acapulco. Debido a la falta de Obispo en la Diócesis, presidió la celebración el Obispo de Chilpancingo-Chilapa, Mons. Salvador Rangel Mendoza.

Ya que esta Misa originalmente se celebra el Jueves Santo, en que conmemoramos la Institución de la Eucaristía y el Sacramento del Orden, y que por razones prácticas, se realiza el Martes Santo, además de consagrar y bendecir los Óleos, también se renuevan las promesas sacerdotales, y festejamos a nuestros sacerdotes.

A las 11 de la mañana, los padres tuvieron un Acto Penitencial, en el Salón Parroquial, como preparación para la Santa Misa, y poco antes de las 12 del día, se disponían ya a la Procesión de Entrada.

En su homilía, Mons. Rangel citando la Carta a los Hebreos, 1, 3 recuerda que un fragmento está dedicada a “los sacerdotes del Antiguo Testamento, que se habían hecho cristianos, y por tanto, eran rechazados por los judíos, y de repente no tenían trabajo, y comían de las ofrendas, como nosotros también lo hacemos, pero cuando ya no había trabajo, ni dinero, ni alimentos, era ya un verdadero problema, pero nos deja ver, que este texto tiene espíritu sacerdotal”.

Comentó, lo difícil que es ejercer el sacerdocio, por tanto, pidió el apoyo de los laicos, para que acojan, que apapachen a sus sacerdotes, que oren por ellos, que cuando éste cometa algún error o fallo, los persuadan, hablen con ellos. Así también, pidió a los sacerdotes mayores, orientar, enseñar y dar ejemplo a los sacerdotes jóvenes, y éstos a su vez, apoyar, respetar y escuchar a sus hermanos mayores.

Explicó, poniendo un ejemplo muy gráfico, en qué consistía la unción, para así llegar a la explicación de los Óleos. Evocó también, respecto del aroma que desprenden los óleos, que es tan importante nuestro olor, por ejemplo, ¿a qué huele un borracho? El olor que desprendemos, va a significar mucho sobre nuestra persona, los jóvenes sobre todo, huelen a perfume, citando varias líneas de modistos famosos, y en cambio, los mayores, “ya huelen a VapoRub”.

Sin embargo, los santos óleos, desprenden aromas de nardo, rosas, oliva, evocando al Espíritu Santo, que es el contenido esencial de éstos. También invitó a los párrocos, a que los coloquen y resguarden un lugar digno, ya que el Espíritu Santo, siendo la tercera persona de la Santísima Trinidad, está un tanto abandonado y hecho menos por nosotros, pues que al menos no los “arrumbemos”, dejándolo encerrado y guardado, de tal modo que se rancie, ya que los óleos, como el sacerdocio, deben darse, deben convidarse a la gente, no deben ranciarse, dejándose guardados al olvido, archivándose por años, sino que debe estar en un lugar cerca del Sagrario, como en las antiguos templos, con señalizaciones claras y respetuosas.

Después, dando toda una catequesis, explicó en qué consisten cada uno de los óleos a consagrar:

Óleo de los Catecúmenos: es el óleo que se utilizará par ungir el pecho de los bautizados.

Óleo de los enfermos: es el que se utilizará para ungir la frente y las manos de los enfermos, que requieran el Sacramento de la Unción de los enfermos.

Santo Crisma: es el óleo que se usará para ungir las manos del Diácono que esté recibiendo el Sacramento del Orden, así como para ungir la frente y cabeza de los bautizandos, así como se unge la frente a los que están recibiendo la Confirmación.

Uno por uno, se bendijeron con oraciones del Obispo, y por la imposición de manos de éste y de todos los padres presentes, quedando así consagrados y listos para distribuirse a todas las parroquias, por manos de sus delegados.

Terminada la celebración, compartieron los alimentos, los sacerdotes, delegados y demás invitados.

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