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INAUGURACIÓN DEL CENTRO DE JÓVENES POR LA PAZ

PARROQUIA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA, COL. MORELOS

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Queridos hermanos y hermanas:

Los saludo con mucho cariño, orando para que la paz, el amor y la misericordia de Dios estén con todos ustedes. Me alegra profundamente encontrarme en este lugar en el que la Iglesia de Acapulco ha emprendido tareas invaluables en favor de los jóvenes, que tanto nos necesitan para su desarrollo humano e integral.

Sin duda alguna los jóvenes son un sector muy importante para el desarrollo de cualquier sociedad, por ello, es preocupante que los jóvenes sigan siendo el sector más vulnerado por la violencia. Al respecto, los Obispos de México hemos realizado un análisis de las situaciones que los afectan y las necesidades que tienen. Consideramos que los jóvenes deben ser reconocidos, valorados y escuchados, son pues, protagonistas de una nueva evangelización y partícipes de la construcción de una perspectiva de vida.

Reconocemos en los jóvenes una realidad fundamental: son el camino de la esperanza para promover una nueva concepción de la cultura del amor y de la paz. Con su participación activa, su ímpetu y su espíritu incansable, los jóvenes merecen ser acompañados en su proceso de crecimiento y maduración.

Ciertamente en algunos sectores juveniles las presiones sociales, algunas modas y tendencias, los conflictos y amenazas como el narcotráfico y la cultura de la muerte, los han alejado del camino correcto; por ello, hay que acompañar de manera acertada, sincera y cálida para encaminar todas esas energías hacia el lugar correcto y lograr que los jóvenes influyan en la transformación de nuestra sociedad e impulsen la civilización del amor.

Como Iglesia nos hemos comprometido a atender y acompañar de manera cercana a los jóvenes, para construir juntos la nueva cultura del amor y de la paz.

1.- Emergencia social en México y en Guerrero.  Hemos vivido en el Estado de Guerrero al igual que en muchas partes del país una descomposición social que ha deteriorado profundamente la convivencia armónica y pacífica de nuestra sociedad. Los factores que han propiciado la violencia son diversos y se remontan varios años atrás, la vida de la sociedad cambió radicalmente a partir del año 2005 cuando comienzan a darse en el Puerto de Acapulco una serie de asesinatos al modo de los grupos criminales.

Aunque el fenómeno inicio en el puerto de Acapulco, rápidamente se  difundió a otras partes del Estado de Guerrero; como la Tierra Caliente, Chilpancingo, la sierra de Guerrero, Iguala y las dos costas. En la región Costa Grande hubo comunidades enteras desplazadas. En el caso de la Costa Chica, se dio el surgimiento de los grupos de autodefensa.

Sin embargo, el momento más crítico fue en el municipio de Iguala en el mes de Septiembre de 2014, cuando asesinaron a 6 personas y desaparecieron a 43 jóvenes estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa, este acontecimiento ha marcado un tramo muy oscuro de nuestra historia que debe resolverse y jamás volver a repetirse.

El contexto antes mencionado, ha provocado que el turismo internacional se haya alejado del Puerto, el comercio haya tenido una baja sustancial, se haya incrementado la pobreza, se haya incrementado el desempleo y las condiciones de vida de la sociedad vayan en decadencia.

La Iglesia al observar esta realidad a la luz de la fe y de la propia doctrina social cristiana, se siente interpelada, por eso desde el episcopado mexicano hemos realizado nuestra aportación.  “Porque la realidad de violencia e inseguridad es compleja y multicausal, consideramos que convendría abordar el problema desde un enfoque de salud pública que permita asegurar para el mayor número de personas el beneficio de la seguridad y de la paz” (cfr. CNP 99)

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El enfoque de salud publica supone que todos debemos involucrarnos y cooperar para superar la crisis; el gobierno, los empresarios, las iglesias, las organizaciones sociales y la sociedad en general.

2.- ¿Qué estamos haciendo como Iglesia en Acapulco?

La Arquidiócesis de Acapulco en su preocupación por acompañar a los jóvenes ha emprendido un camino de pastoral para la Paz, reconociendo su misión en un contexto de violencia e inseguridad, que la interpela y la desafía para dar respuestas pastorales eficaces. Creemos que todos hemos sido corresponsables en la generación y el desarrollo de la violencia que padecemos y que podemos convertirnos en agentes de cambio a partir de acciones muy concretas  en la construcción de la paz. Por eso, la Iglesia se ha preocupado por desarrollar un amplio programa basado en tres líneas estratégicas.

  1. Conversión pastoral para la paz. Que consiste en generar las condiciones, construir las capacidades necesarias y adecuar las estructuras eclesiales, para que la Iglesia esté al servicio de la construcción de la paz. Ello implica un programa amplio de construcción de capacidades en el clero, en el seminario, en las regiones pastorales, los decanatos y las parroquias. A la fecha se ha creado el Consejo Diocesano de Justicia y Paz, como un espacio de animación que impulse el tema en toda la Iglesia de Acapulco. Es un proceso que no se detendrá, por el bien de los jóvenes y de la sociedad en general.
  1. Prevención y reconstrucción del tejido social. Las acciones que la Iglesia ha impulsado han dado como resultado un programa amplio de prevención de la violencia en las comunidades, a la fecha se ha detonado el trabajo de prevención de la violencia en las comunidades a través de 12 proyectos distintos, en 35 parroquias de la Arquidiócesis de Acapulco, lo anterior incluye trabajo de prevención con familias, de organización en las comunidades, de monitoreo de la realidad, con adolescentes y jóvenes, modelos de economía solidaria, proyectos productivos, de diálogo social y de sensibilización a través de jornadas de perdón y reconciliación.
  1. La tercera línea estratégica, considera dos aspectos transversales para la Arquidiócesis de Acapulco, se trata de acompañar y atender a dos sectores en crisis y de alta vulnerabilidad; el primer sector, lo constituyen las víctimas de la violencia,  para la Arquidiócesis de Acapulco es fundamental acompañarles, dar consuelo y esperanza a quienes han sufrido de manera directa e indirecta las efectos de la violencia, las víctimas son prioridad. Otro sector lo constituyen los jóvenes, tenemos mucho interés en crear las condiciones para que los jóvenes, sobre todo aquellos que se encuentran en situación de riesgo,  por falta de oportunidades para el estudio o el trabajo, encuentren condiciones para su desarrollo. En este sentido vemos con mucha esperanza el modelo de atención y acompañamiento que está desarrollando SERAJ, con apoyo de la pastoral juvenil de la Arquidiócesis por medio del deporte y la inserción laboral y escolar. Queremos aprender este modelo y replicarlo en la medida de tener el personal capacitado y los recursos, pero también pretendemos explorar otros modelos que nos proporcionen alternativas y que  fortalezcan nuestra estrategia, el arte urbano, el trabajo con familias fuertes, etc. El próximo mes de Agosto iniciaremos con un esfuerzo diocesano de personal capacitado y voluntarios otros cinco centros más.

3.- Los valores desde los que hacemos nuestra aportación como Iglesia

a) Paz justa y duradera. La paz no será posible mientras no haya desarrollo integral, por eso consideramos de vital importancia que todos nos involucremos. El enfoque de salud pública supone la participación responsable de todos los actores sociales y cada quien su parte.

b) Creemos en la justicia restaurativa. Necesitamos transitar de un modelo de justicia punitivo que castiga al agresor pero se olvida de la víctima, hacia uno de justicia restaurativa, donde se sanciona al agresor sin olvidarse de la víctima y que busca que el agresor se readapte a la sociedad para hacer posible la reconciliación.

 c) La verdad, la justicia, el perdón y la reconciliación.  Estos valores humanos tienen su fundamento en el evangelio de Jesús, son los pilares sobre los cuales se sustenta la paz que promovemos como Iglesia, no son de ninguna manera lineales, pero si son fundamentales para alcanzar la paz.

Ruego a Dios para que las acciones que emprenda el Centro de Jóvenes por la Paz, produzca frutos abundantes en la vida de los jóvenes, y les impriman ganas de vivir, de luchar por un mundo mejor, que los ayuden a ser corresponsables en la transformación de nuestra sociedad tan tristemente dañada por la violencia y la división, pero sobretodo, que les ayuden a crecer integralmente.

A ustedes, queridos jóvenes, quisiera repetirles la invitación que en varias ocasiones nos ha dicho el Papa: “no permitan que les roben la esperanza”. Y que la Santísima Virgen María, Nuestra Señora de la Soledad, Inmaculada desde su concepción, los acompañe con su presencia maternal y haga fructífero este Centro de Jóvenes por la Paz. Así sea.

 

 

En Cristo nuestra Paz

 +  Carlos Garfias Merlos

    Arzobispo de Acapulco

20 de julio de 2015, Acapulco, Gro.

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