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Comunicado 43-16

Acapulco, Gro., a 27 de Noviembre de 2016

Comunicado 43-16

 

Adviento, es un tiempo de esperanza

El adviento es un tiempo de Esperanza. En el adviento nos preparamos para celebrar la Navidad, la venida del Mesías entre nosotros. Ya desde el Antiguo Testamento, los profetas anunciaban la llegada del Mesías. Un Mesías que eliminaría la situación de postración y humillación en que se encontraba el pueblo de Israel. Jesucristo, el Emmanuel, el Dios con nosotros hace realidad este anuncio. Jesucristo es el Mesías que nos anuncia un nuevo tiempo, una nueva realidad, una nueva vida. Pero pudiéramos preguntarnos ¿cómo vivir este tiempo de esperanza en medio de tantas crisis, problemas y situaciones que nos llevan a perder la paz y la esperanza? ¿Cuál es nuestra misión en este contexto? ¿Qué nos toca hacer?

Durante todo el Adviento se nos abre la gran oportunidad de orar y alentar la esperanza en las personas y comunidades afectadas por diferentes problemas y circunstancias. Es fundamental implementar en las personas el encuentro con Jesucristo. En Él, los cristianos fundamos nuestra esperanza. Porque creemos en un Dios que vive y camina con nosotros. Creemos en un Dios que no nos abandona, que camina con nosotros y ha vencido el pecado y la muerte. Estoy convencido que cuando una persona se encuentra con Jesucristo, con su amor y misericordia, se abre nuevamente al horizonte de la esperanza. Ahora bien, este encuentro con Jesucristo no se da en cosas espectaculares, grandes o misteriosas. Nos encontramos con el misterio de Dios ahí en lo ordinario, en lo sencillo y pequeño. Por ejemplo, en el servicio, en los pobres, en el silencio, en la oración, en la escucha de la Palabra, en la atención a las víctimas y a los que sufren. Tenemos la gran oportunidad de ayudar a las personas a ser conscientes de que todos somos parte de la solución de los problemas. En este sentido, hay que preguntarnos qué hemos dejado de hacer o no hemos hecho bien para que nos encontremos así. Pero también, ayudemos a descubrir las fuerzas, las potencialidades y capacidades en nosotros mismos, que son factor determinante para resolver nuestros males. No olvidemos la importancia de participar en la organización y planeación de iniciativas de solución y diálogo. La indiferencia, el aislamiento y el individualismo no abonan a la paz. En cambio, crear plataformas de colaboración alienta la esperanza hacia un mundo y una situación mejor.

 

Invito a todos, a asumir como prioridad en este tiempo del adviento la animación de la esperanza. Fortalezcamos capacidades en este sentido. Dejemos despertar la creatividad. Hagamos el esfuerzo por estar cerca de la gente, escucharlos, acogerlos y alentar en ellos la esperanza.

 

La violencia, un desafío para el estado y la sociedad

 

La violencia sigue imparable en Guerrero y Acapulco. Desparecidos, levantados, desmembrados, secuestros, ejecutados son ya parte de nuestra vida ordinaria. Según datos oficiales, Guerrero ocupa el primer lugar nacional en homicidios dolosos y el cuarto en el delito de secuestro. El fin de semana pasado en Acapulco hubo diez ejecutados en dos días. No es un problema de percepción. Tampoco es sólo consecuencia de la pugna entre grupos criminales, la violencia se ha convertido en un medio para resolver diferencias entre personas, familias o comunidades. La violencia se ha metido en lo más profundo del corazón de las personas, la sociedad y el Estado.

 

La violencia es un desafío para el estado y la sociedad. Mientras el Estado, con todas sus instituciones y programas, no atienda las causas estructurales, coyunturales e históricas de la violencia en Guerrero no será posible que superemos este mal. No sólo son necesarias acciones de contención, sino también de prevención, transformación y de incidencia en las raíces profundas del cáncer de la violencia. Por su parte, se necesita de una sociedad más despierta, organizada, consciente, participativa. La transformación de la violencia vendrá cuando como sociedad nos reconozcamos como parte del problema, pero también como parte de la solución. Me llena de esperanza ver como en algunas comunidades las personas se empiezan a organizar, a fin de buscar formas concretas de participación en la reconstrucción del tejido social. Con pequeñas acciones, desde una sociedad civil responsable y madura, terminaremos con la emergencia que estamos padeciendo.

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